ESTADOS DE ÁNIMO

A lo largo de una temporada, el rendimiento de un equipo tiene altibajos. Más allá de conceptos tácticos o de estados de forma, encontramos factores psicológicos que tienen una repercusión muy importante en las actuaciones de los equipos.

En cuanto se encadenan una serie de resultados adversos, la búsqueda de porqués es una constante. Diferentes explicaciones en torno a fallos tácticos o técnicos, o carencias físicas se suceden, todo encaminado a hallar la solución.

Otros hacen comentarios como “es un equipo triste”, “parece que no quieren”…y no van desencaminados. Son sensaciones que percibe cualquier mero espectador, y que derivan de un bajo estado de ánimo, desconfianza, inseguridad en la que en diferentes momentos se sumerge un jugador o un equipo ante la falta de premio al esfuerzo. Todo parece en contra y se empieza a dudar de todo, incluso de uno mismo. Y estas dudas son las que hacen que los malos resultados continúen.

No es el primer caso de equipos, que con las mismas plantillas y mismo cuerpo técnico, pasan de luchar por puestos de privilegio a estar peleando por cotas mucho más bajas.

Los jugadores de futbol, como cualquier persona sufren cambios en su estado de ánimo, y estos afectan al rendimiento como en cualquier otra actividad. Cualquier acontecimiento o resultado hace que estos puedan variar, dando un giro al rendimiento. El caso es que el ir a mejor, supone una liberación, un renacer que da fuerzas y que hace pensar que se puede con todo. Al contrario, tras un periodo bueno, el cosechar una serie de malos resultados hace decaer anímicamente a los jugadores. Corriendo el riesgo de entrar en una peligrosa dinámica negativa de la cual es mucho más problemático salir.

Un jugador y un equipo cuando más apoyo necesita, es cuando peor está. Cuando se siente débil, perdido, con dudas. Ahí es cuando hay que apoyarlos, y darles el cariño y la comprensión necesaria para ayudarle a revertir la situación.